lunes, 18 de julio de 2011
17 de julio de 2011
Ayer, 17 de julio, volví a la viña. Las únicas huellas que quedan del incendio de hace casi dos años son los troncos de los almendros, y las ramas de ginestras y aliagas a punto de ser tragados por la nueva (y abundante) vegetación herbácea. Las dos higueras han rechitado y van ganando en altura y frondosidad, los Rhamnus alaternus y lycioides, y sobre todo las Retama sphaerocarpa vuelven a campar a sus anchas, y hasta el pequeño Crataegus monogyna que daba por perdido ha rechitado de raíz y vuelve a tener la altura que tenía la planta original. Me llevé la cámara de fotos, pero sin la tarjeta, así que el próximo fin de semana habrá reportaje gráfico de la recuperación.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Rechitando... (resiliencia de algunas especies tras el incendio)
Hoy 31 de marzo de 2010 he vuelto a la viña. El panorama que me he encontrado es más agradable que el que encontré a finales de julio del año pasado. La tierra comienza a reverdecer:
Están rechitando desde la base de sus tallos leñosos carbonizados las aliagas (Genista scorpius). Compárese el tamaño con una moneda de 10 cents.
Los Rhamnus alaternus:
domingo, 9 de agosto de 2009
Algunos ejemplos de vegetación antes y después del incendio.
Estos cables fueron los presuntos causantes de las chispas que originaron el incendio:
A continuación, algunas fotos de la vegetación antes y después del incendio...
Foto de la higuera más grande, que daba cobijo a varios ejemplares de escalambrujo (Rosa canina), un Rhamnus alaternus, un Rhamnus lycioides y un pequeño Crataegus monogyna:
Esto es todo lo que quedó:
Olea europaea y almendros, antes y después:


Juniperus oxycedrus, antes y después:


Juniperus phoenicia, ya de cierto tamaño, antes y después:

Una pequeña sabina a medio quemar, ¡espero que sobreviva!
Foto de la higuera más grande, que daba cobijo a varios ejemplares de escalambrujo (Rosa canina), un Rhamnus alaternus, un Rhamnus lycioides y un pequeño Crataegus monogyna:


Juniperus oxycedrus, antes y después:
Juniperus phoenicia, ya de cierto tamaño, antes y después:
El incendio y la sierra de Morata.
Nota: se aconseja leer antes la entrada anterior, según el orden que aparece en el "Archivo del blog", a la derecha.
El incendio se originó, al parecer, a primera hora de la tarde del miércoles 22 de julio. La causa pudo ser, por lo que he leído en prensa, unas chispas provocadas por el tendido eléctrico que atraviesa la zona. Hacia las 17:00, el viento arreció y el incendio cobró más virulencia. A las 18:00 se cortó la carretera CV-603, entre Morata y Purroy, y a las 18:30 un bando municipal aconsejaba a los vecinos de Morata protegerse en casa de la intensa humareda que empezaba a cubrir el pueblo. Se llegó a temer por una granja con 80.000 pollos, que al final quedó a salvo, pero el fuego afectó al núcleo abandonado de Villanueva de Jalón.
En las siguientes fotos se aprecian las diferentes zonas afectadas (en el tramo entre Morata y Villanueva de Jalón),vistas desde la carretera entre Chodes y Arándiga:
Aparte de las especies arbustivas o arbóreas que he citado para la viña vieja, que aparecen por toda la zona, existen en la sierra varias manchas de Rhus coriaria (zumaque), que podrían representar antiguos cultivos de esta planta utilizada en el curtido del cuero. También aparece algún ejemplar aislado de Pistacia terebinthus. Tengo localizado un único ejemplar de Juniperus thurifera, que me enseñó un pastor de Morata, frente a la relativa abundancia de Juniperus oxycedrus y Juniperus phoenicia. Cuando pueda, subiré a hacer fotos de todo esto para colgarlas aquí. Además, es fácil encontrar, en las zonas más húmedas, ejemplares sueltos de nogal (llamado en la zona noguera), de Celtis australis (dolonero en la zona, litonero en aragonés, almez en castellano), de higuera, etc. Cerca de Morata hay muy pequeñas extensiones de pino carrasco repoblado, que se adapta muy bien a la climatología de la zona.
La viña vieja
Creo que alguna vez se la oí llamar así a mi abuela, aunque más a menudo se refería a ella como "lo de La Isilla", topónimo que, al parecer, procede de la pronunciación popular de "La Dehesilla", que es el nombre que figura en los planos oficiales. Sin embargo, un vecino de Morata me dijo que el término donde estaba la viña de mi abuela no era La Isilla, sino El Ventolero. Cuando me enteré de esta segunda denominación, mi abuela ya había muerto y no podía contrastar con ella esta información. De todos modos, la última bendema (vendimia) se hizo en el año 1972, y a partir de entonces, la viña fue abandonada y quedó a merced de la naturaleza.
Mi abuela le tenía especial cariño a ese trozo de tierra, no sé si por su valor sentimental (era herencia de sus padres), o por el valor de los higos que al final del verano daban las dos higueras que había plantado su padre, o sea, mi bisabuelo, los higos más dulces y sabrosos que he probado. Las primeras veces que fui a la viña yo debía de ser bastante crío, y la recuerdo como un espacio inhóspito, seco, invadido por aliagas, al que acudíamos con mi padre para coger cepas secas con las que asar la carne los domingos. Al final del verano, cuando alguna tarde entraba a casa para coger la bici y darme una vuelta, mi abuela me recordaba que ya habría higos "en lo de la Isilla". Conforme fui haciéndome mayor, fui entendiendo lo que podría significar para mi abuela que le trajera unos cuantos higos de "lo de la Isilla"...

Ya desde crío, desde el cole, cuando se celebraba lo del día del árbol, le cogí el gustillo a eso de plantar árboles. Tras alguna intentona condenada al fracaso (plantar un plantón de una especie ornamental en medio de un paso de ovejas en el seco monte de Morata no fue, decididamente, una buena elección), pensé que la viña vieja de la Isilla sería un buen sitio donde poner árboles, y así, devolverle a la naturaleza lo que ella les había prestado en el pasado a mis bisabuelos. Un año, para primavera, me dediqué un par de fines de semana a plantar varias carrascas y varios pinos carrascos. He aquí una de las carrascas:

De todas formas, me di cuenta de que la naturaleza había empezado a hacer su trabajo: entre las aliagas habían brotado bastantes ejemplares de olivo borde (¿o debería decir acebuche? ¿alguien me puede aclarar si es lo mismo?), algunos de ellos, con un tamaño más que notable. No recuerdo quién me dijo que era muy improbable que saliesen tantos ejemplares de hueso, y que probablemente serían rebrotes de antiguos olivos. Indagué en casa, y hablé con el propietario de un terreno colindante, y todo el mundo me aseguró que ahí nunca había habido olivos, que siempre había sido una viña con almendros. Y que los olivos que habían ido brotando lo habrían hecho de hueso, probablemente tras ser digeridas las olivas por algún pájaro.



Otras de las especies que con mayor éxito habían ido repoblando la viña son: Rosa canina (conocida en la zona como escalambrujo, en castellano escaramujo y en aragonés gabardera), y las dos especies que aparecen en las dos fotos siguientes, el Rhamnus alaternus (conocido como aladierno o carrasquilla) y el Rhamnus lycioides (espino negro o escambrón) :

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